domingo, abril 30, 2006

Haiku



Haiku, en la cultura japonesa, es un poema enlazado en el que el inicio del encadenamiento, llamado hokku, introduce un instante plasmado por un paso fugaz, intenso, consistente en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima y conteniendo una clave o kigo que es una palabra que indica la estación del año a la que se refiere. Como por ejemplo éste del haijin kabayashi Issa:

Temblando

en las flores silvestres

se va la primavera

–Kobayashi Issa -

Se trata de enlazar pensamientos y percepciones creando un poema sencillo con una singular belleza.

Por casualidad, encontré esta sinopsis de "Hierro" cercana al haiku, por kim ki Duk, que, aunque no se ajusta a la descripción exacta que podríamos hacer sobre esta tradicional poesía japonesa, se acerca a la idea original y juega con ella entre vaporosos kimonos de seda.

«Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en
ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi
televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la
ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí...

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño,
preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego
al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale
nunca y que llora.
Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos
vamos sin decir ni una palabra.»


¿ Serán sus películas también cercanas a la poesía?

lunes, abril 24, 2006

El lagarto de la terraza


Todas las mañanas salía a regar sus plantas. Tenía su bonita terraza y le gustaba salir a deleitarse con sus plantas, veía cómo crecían, les hablaba y hasta acariciaba. Las plantas crecían y era feliz.

Un día observó tras la cristalera a trasluz, lo que le pareció un lagarto y con su afán cuidar, de radiar vida, de transmitir energía empezó a alimentarlo dejándole trozos de su propia comida en un platito cerca de la jardinera en la que observó que se acostumbraba a tumbarse.

Tal era la obsesión que empezó a ocasionar el lagarto que pasaba el día ansiando su visita, poder verle. Empezó a cocinar comidas especiales, e incluso a descuidar sus plantas que empezaron irremediablemente a marchitarse. Las hojas se amarilleaban y se secaban cayendo alrededor de las macetas. La terraza perdía encanto y parecía que estaba abandonada, pero ella ni se daba cuenta.

Hasta orientaba su vida al sol, a su sol, al sol del lagarto para que aquel lagarto pudiese salir a tomarlo.

Pasaron los años y el lagarto creció mientras seguía con su vida, por supuesto, sin rechazar los gratuitos cuidados que ella le daba. De hecho hasta apareció con su nueva compañera y la primavera siguiente hasta le dejó allí una cría para que la cuidara.

Ella ferviente y ciega seguía dándole todos los cuidados.

Una vez ya anciana, seguía saliendo a recibirle le preparaba la comida y él con paso solemne casi arrogante del que se sabe anhelado, llegaba, descansaba se alimentaba, como si del Sr. Del feudo se tratase y seguía su camino del que ella nunca supo nada.

Una mañana, ella estaba especialmente cansada, pero se despertó ante el sonido del retumbar del paso del lagarto pues tal era su tamaño que sonaban como tambores sus pisadas. Y al salir a su terraza allí lo encontró, esperándola. Ella agotada esa mañana no había podido prepararle nada y miró a su alrededor. Toda su vida había estado cuidando de aquel bicho, ahora estaba sola y la muerte de sus plantas la rodeaba como presagio certero.

Le miró con una clara expresión de dolor, puesto que no sabía como explicarle que no tenía ninguna obligación y que le había dedicado su vida por placer, por un sentimiento absolutamente altruista, no sabía cómo decirle que tenía derecho a descansar un día, aunque fuese uno solo. Pero él era lagarto y ni entienden, ni escuchan, ni explican, ni hablan.

El lagarto enorme, clavó en ella sus ojos. Pasó una pata por encima de la cristalera que siempre estuvo abierta para él, pasó la siguiente, alargó el cuello, posó sobre ella una gélida mirada abrió su boca y sin más, la tragó.

(Mareablanca)

  • Inspirado en mi Juanchito, lagarto que llevo viendo crecer desde que no medía más que un par de centímetros y que me visita cada primavera. La primavera pasada lo hizo con su familia. Nunca le he dado de comer, sobre todo tras leer cierta inspiradora leyenda asturiana, que les publicaré en otro momento...

jueves, abril 20, 2006

Be here to love me




"Be Here To Love Me"
Norah Jones
Your eyes seek conclusion in all this confusion of mine
Though you and I both know it's only the warm glow of wine
That's got you to feeling this way, but I don't care,
I want you to stay
and hold me and tell me you'll be here to love me today
Children are dancin', the gamblers are chancin' their all
The window's accusing the door of abusing the wall
But who cares what the night watchmen say
The stage has been set for the play
Hold me and tell me you'll be here to love me today
The moon's come and gone but a few stars hang on on to the sky
The wind's runnin' free but it ain't up to me ask why
The poets are demanding their pay
They've left me with nothin' to say
'cept hold me and tell me you'll be here to love me today
Just hold me and tell me that you'll be here to love me today
_________________________
...hoy, en calma...

martes, abril 18, 2006

Vagabunda. Hora V.

La última hora.


  • Hora V.

    La enorme y dorada puerta giratoria que hacía escrupuloso juego con los ya mencionados botones del portero, acompañó mi paso. Mis manos asieron con decisión la barra para empujarla y comenzamos con paso lento y firme la rotación hasta encontrarme de frente con tan singular personaje que, pese a mis primeras dudas, no se inmutó ante el esperpento que navegaba dentro de botas y abrigo, con pelos helados de escarcha y el empuje de la puerta con la gracia hartamente similar a una mula de molino.

    Ignorando al resto, me dirigí decidida a las escalaras, con claro ánimo de no tener que sufrir la humillación de subirme a un ascensor completo de gente y que en un instante pasase a estar sola en el mismo. Definitivamente era un buen abrigo, cuando conseguí llegar al último piso lo hice jadeante y con lengua fuera. Este detalle no tendría más importancia sino fuera porque hacia donde yo me dirigía era al restaurante.

    En el centro de la estancia, una fila esperaba su turno con bandejas repletas de viandas y, como no tenía dinero encima, pero tampoco podía acercarme a la mirada amable de la dependienta por no poder explicarle a las huestes ávidas de comida que sólo quería que la Señorita en cuestión me facilitase las llaves de mi casa. Es por todos harto sabido que el momento de debilidad por falta de ingestión alimenticia alguna, puede ocasionar serias conductas agresivas y no iba a ser yo la que se pusiese a merced de las fieras.

    Aguanté estoicamente hasta que llegó mi turno y permanecí sonriente frente a ella, siento no poder describir su cara, no sé si con aquellos ojos como platos quería decirme que era la hora de la comida, si estaba deseando matarme por presentarme de semejante guisa en su trabajo, si quería avisarme del peligro por las bestias hambrientas que me rodeaban, o si sencillamente, su incipiente miopía competía con la mía.

    En ese instante descubrí el secreto de la sonrisa de Mona Lisa, que en este caso y sin lugar a dudas, fue el antecedente de una sonora carcajada.

    Le expliqué brevemente la situación y la intencionalidad que tenía de salir de aquel lugar lo antes posible. Como era de prever reaccionó con magnífico talante, buscó en su taquilla la copia de mis llaves y me las entregó.

    Mientras iba de regreso a casa, ya con llaves en mano, sintiéndome segura por primera vez en todo el día, sin importarme la indumentaria, sin mirar a nadie, sin necesidad de verles ya que además, ellos tampoco me veían.. Estuve pensando en aquel circo y lo curioso, es que por aquel entonces volvía sin tener claro cuál había sido mi papel en aquel acto.

    En el preciso instante que introduje la llave en la cerradura lo supe, supe que el personaje que me habían adjudicado no fue el más que el de un espectador al que invitan a participar en el espectáculo. ¿Y entonces a quién le había tocado representar ese papel, el de payaso?. Hoy podría indicarlo con absoluta y meridiana precisión.

viernes, abril 14, 2006

Vagabunda. Hora IV.

el maestro de ceremonias me esperaba..



  • Hora IV.

Me dirigí al centro neurálgico de aquella desconocida vida urbana.

Mi mejor amiga en aquella época trabajaba en unos grandes almacenes, los más elegantes de la ciudad y allí es a donde debía dirigirme, a por la copia de mis llaves que ella guardaba, por extraños juegos del destino, ya que el mismo momento que me hicieron entrega de las llaves (dos días antes), hice una copia para ella, aún teniendo claro que no había perdido unas llaves desde que tenía mi primera década, ahora se que están en el fondo del mar. Este conocimiento me hubiese ahorrado mucho tiempo, disgustos e infructuosas búsquedas... pero eso es también otra historia.

El paseo hasta el centro hizo que abriese mi ángulo de visión. Mi miopía se vio como recién operada. La gente me miraba como si fuese a robar, atracarles o mendigarles, cuando ciertamente, lo extraño en mi mirada era por la falta de mis gafas, pero ellos en cambio, parecía que viesen la locura personificada.

Bien es cierto que ví mi reflejo en un escaparate y no pude reconocerme: ese atuendo, aquel cabello medio mojado todavía, que comenzaban a tomar su forma rizada original que casi nunca llevo, esa mirada que yo sabiendo por "ceguera" pareciera por falta de razón ( éste último punto no deja de ser rebatible) y aquellas botas, esas botas que llegaban a reflejarse en los escaparates por llegar 5 minutos antes que yo...

En fin! la puerta del centro comercial. Un estupendo portero ataviado con sus mejores galas, las dignas del presentador de un circo, un insigne maestro de ceremonias con casaca encarnada y pulidos botones dorados, esperaban para ver si me atrevía a meterme en la puerta giratoria...

¡El circo me esperaba!

El Circo

- Silvio Rodríguez-


Acompañado de una larga lista por saber,

con la frescura de un primer día de colegio,

salió otra vez de la mano de la casa en que nació:

las vacaciones estaban siendo un golpe de la luz.

Tocaba puertas recogiendo amigos,

acompañaba a las niñitas solas,

cortaba flores y las ofrecíacon un pie al aire, sonriendo siempre.

Cantando musiquitas dulces,

de esas que no se escuchan ya,

apareció gritando un circoque se instaló cerca de allí,

lleno de luces y colores,

magos y mucha diversión.

Pero en la lista de cosas que tenía que aprender

no figuraban los circos por ninguna parte,

y sin que nadie lo viera sacó un lápiz, anotó,

y puso circo con letras de poner inicial.

Con el dinero para la merienda

compró un helado y una rosca dulce,

dando brinquitos se metió en la carpa

que parecia una mamá muy grande.

Cantando musiquitas dulces,

de esa que no se escuchan ya,

pudo saber que su maestrano le enseñó cierta canción,

y que la vida no cabía

ni en veinticinco listas más.

martes, abril 11, 2006

Vagabunda. Hora III.

puertas y más puertas ¿todas cerradas?..

Photo by Arteko


  • Hora III

El tipo que abrió me miraba fijamente, si bien yo no tenía claro que fuese por mi indumentaria, por el nuevo estilo de presentación como nueva vecina que no se estilaba por ser tan lejano a las películas americanas, o por lo que me pareció a mí más evidente ¿cuánto tiempo haría que este hombre no tenía contacto alguno con otro ser humano?

Con la puerta entreabierta pude atisbar montones de cajas de cartón esperando a ser abiertas, ¿sería él también un recién llegado?

El idioma, nueva traba.

Aquellos países en los que topes con quien topes, como mínimo sabe decir en un perfecto inglés un “lo siento, pero mi inglés es muy malo”, vaya que son bilingües casi de nacimiento, existe una posibilidad, una ínfima, para que encuentres a alguien que no entienda ni una palabra y era exactamente aquel hombre que apostado frente a mí miraba y parecía centrarse en el movimiento de mis labios mientras yo intentaba explicarle quién era y la situación en la que me encontraba.

Parece que entendió que necesitaba unos zapatos y me tendió lo que encontró más a mano, unas botas unos seis números más grandes que mi talla, así como un abrigo, que podría decir... no, no sé qué podría decir del abrigo, excepto que era grande, por las rodillas y cubierto de pelo como esas alfombras de que imitan piel de oso.

Por supuesto que se lo agradecí como pude mediante señas con una promesa de devolución que dudo que entendiese o que tan si quiera le interesase, ¿de verdad querría que le devolviese el atuendo?.

Tenía que continuar con el plan aún con semejante guisa. Respiré hondo y abrí la siguiente puerta, la que me llevaría a la entrega de las llaves. El regreso a mi nueva casa.

sábado, abril 08, 2006

Vagabunda. Hora II

¿Vagabunda por unas horas o para toda la vida?


Photo by Arteko
  • Hora II

Este pregunta abordaba mi cabeza cada vez que mi mirada se perdía y se fijaba en el sumidero. Prolongar el momento de salir no tenía más sentido, tenía que pensar una solución.

No podía permanecer eternamente en la ducha, ni en el pasillo desierto por todo caballero andante, ni podía salir con una toalla o en pijama a la calle.

Decidí tomar la iniciativa y recordando que las lavadoras estaban el la puerta de acceso al baño ( debo decir que la forma, diseño, distribución y muchas otras cosas del país en cuestión, siguen a día de hoy, siendo una incógnita para mí) tomé la ropa preparada para el siguiente lavado y puedo decir en mi defensa, que en este caso aquello de “tu mayor defecto puede ser tu mejor virtud” me salvó. Ser una maniática de los olores y lavar la ropa aunque no esté muy sucia y así no ir apestando con el olor que se pudiese haber impregnado en la ropa de trabajo del restaurante, ni con la ropa con la que se sale en noches de juerga y regresas a casa con tanto humo encima que si doblas un brazo parece que salen círculos humeantes, es para mí algo insufrible y es fumadora la que escribe.

Y ya era algo, ropa, admitamos que de lo más dispar, pero ropa al fin y al cabo. No era momento de pensar en “Loewes” o “Diors”. Pero afuera había nevado y yo seguía en chanclas.

Recordé que al llegar al edificio, había visto que una de las habitaciones, contiguas a la mía, parecían estar habitadas. Aún con el pelo empapado me armé de valor y llamé a la puerta que me parecía tan extraña.

jueves, abril 06, 2006

Vagabunda

(por unas horas)


Photo by Arteko


    • Hora I

    ¿Que si no sé cómo llegué hasta allí? ah! sí, sí lo sé. Lo sé perfectamente.

    Esto ocurre. Sólo iba a darme una ducha como cada mañana y el sonido de la puerta tras de mí me despertó mucho más que lo que hubiese podido hacerlo cualquier despertador. Mi cabeza se despejó por completo.

    Está bien, tengo la toalla en la mano, ando en pijama con motivo de "la tonta" costumbre de vestirme DESPUÉS de ducharme. Normalmente llevo ropa en ristre, pero esta vez no tenía clara la elección de la vestimenta, así que opté por tomar semejante trascendental decisión al regreso de la consabida matutina expedición. Complementos: mi estiloso atuendo con la bolsa de productos de higiene y cosméticos que he de llevar, puesto que el arte de la “compartición” forzosa y hurto de propiedades ajenas en el baño de un piso compartido son una constante. Como zapatos: mis chanclas.

    Ojeo el pasillo. La luz del sol ilumina su recorrido, es una linda visión, casi onírica por lo difusa, pero la imagen que a mí me evoca es la de un hospital y es curioso, porque no he estado ingresada en ninguno. ¿Será algún recuerdo de alguna visita durante la infancia?. Mire por donde mire no aparece mi flamante caballero que me salve de tan grotesca situación, estará sacando brillo a su caballo...

    Tampoco tengo donde esconderme, así que opto por omitir semejante irrisoria situación. Como si de un niño pequeño se tratase, que para esconderse lo que hace es ocultar con las manitas su cara. Voy directa a la meta planteada por la mañana: me ducho y ya pensaré en qué hacer cuando salga.

viernes, marzo 31, 2006

Los 4 Acuerdos Toltecas


I.~ No supongas.

No des nada por supuesto. Si tienes alguna duda, aclárala. Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen fundamento.


II.~ Honra tus palabras.

Lo que sale de tu boca, es lo que tú eres.

Si no honras tus palabras, no te estás honrando a tí mismo; si no te honras a tí mismo, no te amas.

Honrar tus palabras es honrarte a tí mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.

Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.


III.~ Haz siempre todo lo mejor que puedas.


Si siempre haces lo mejor que puedes, nunca podrás recriminarte de nada.


IV.~ No te tomes nada como algo personal.

Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida debes tomar como algo personal.

Quien te ofende tiene un veneno que descargar contra ti, por no saber como deshacerse de él. En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo.

Pero el problema es de él y no tuyo.

martes, marzo 28, 2006

Acreedores del tiempo

~La persistencia de la memoria ~
Serie "Relojes Blandos"
Dalí


Y escucho en mi cabeza continuos chasquidos,
reprobaciones y suspiros.

No por lo que creen,
Porque hace tiempo que yo no creo.

O por lo que debiera.
Porque hace tiempo que yo no debo.

Sino por lo que está siendo.
Porque me persiguen los acreedores de mi tiempo.
(Mareablanca)

viernes, marzo 24, 2006

Lobo


Sé que me advirtieron,
pero no tenía por qué desconfiar
él no era un perro callejero
ni yo temía su aullar

me estuvo persiguiendo y pensé
que conmigo
tal vez se quisiese quedar

no nos involucramos
sólo compartimos la soledad

no nos preguntamos

nos conocíamos sin hablar

maldito lobo
se supone que sino es en manada
no intenta atacar

a no ser que el hambre
al valle le obligue a bajar.
(Mareablanca)

lunes, marzo 20, 2006

Umiko, hija del mar.


Hace mucho, mucho tiempo, vivía en el fondo del mar del Japón una sirena llamada Amara, la esposa del genio del mar. Amara solía subir a la superficie de las aguas y allí tenderse en alguna roca desde la que pudiera contemplar la ciudad, a lo lejos. Le gustaba especialmente hacer esto de noche, cuando las luces de la ciudad casi eclipsaban a las estrellas del cielo. Envidiaba a los habitantes de la ciudad que tenían siempre esa luz que no se encontraba en el fondo del mar, y que además podían sentir en sus rostros el viento, el sol, la nieve... cosas que a ella le estaban vetadas. Así, decidió que si ella tenía una hija, no le privaría de esas sensaciones que ella se había perdido.

Poco tiempo después, este pensamiento se hizo realidad, y la sirena Amara fue madre de una pequeña y hermosa criatura. Y con gran dolor de su corazón, pero sintiéndose a la vez satisfecha por brindarle esa oportunidad a su hija, la trasladó a una montaña que había cerca de la ciudad, en la que se alzaba un templo. Y allí la dejó, en las escalinatas del templo, besándola con uno de esos besos que sólo dan las sirenas y los seres mágicos, que crean un aura de protección
.

Abajo, en el pueblo, vivía un matrimonio que dedicaba su vida a la elaboración de velas que luego los peregrinos llevarían al templo. Como fuera que su pequeño negocio iba muy bien, decidieron ir ellos mismos al templo ese día a agradecerle a su dios los bienes que les había dado. Así, cogieron dos velas y se dirigieron hacia el templo, donde hicieron su ofrenda.


A la vuelta, mientras bajaban, creyeron oír un llanto débil. Buscando el origen del sonido, no tardaron en encontrar a la pequeña recién nacida, y movidos por la compasión y la responsabilidad, la recogieron. Cuando le quitaron las mantillas que la envolvían, descubrieron asombrados que no era como las otras niñas: la mitad inferior de su cuerpo era como la cola de un pez, recubierto de escamas brillantes; era una sirena. Así pues, la llamaron Umiko, que quiere decir "la hija del mar".


Pasó el tiempo, al niña creció y llegó a hacerse una mujer de extraordinaria belleza. Su piel era suave como el melocotón, tersa, y sus ojos despedían un fulgor único que recordaba al de las esmeraldas. Su cabello largo parecía ser amigo del viento, pues ambos jugueteaban constantemente, y en fin, Umiko despertaba pasiones entre todo el que la observaba. Ella, humilde, se sentía incómoda por el efecto que causaba en los otros, con lo que les pidió a sus padres adoptivos ser quien fabricara las velas que ellos venderían, porque así no tendría más contacto con los demás que el estrictamente necesario. Y así pasó ella a encargarse de esta tarea, añadiendo además a las velas que hacía hermosos dibujos de pájaros y flores y sobre todo, paisajes marinos que de algún modo le venían a la mente. El número de compradores aumentaba sin cesar y además se extendió el rumor de que esas velas eran eficaces talismanes si uno quería emprender un viaje en barco.


Un día apareció en la tienda un mercader que pidió ver a la creadora de las velas que compraba. Al ver a Umiko, pensó que sería un gran negocio exponerla al público y quiso comprársela al matrimonio. Al principio ellos se indignaron, pero tal fue la insistencia del mercader que al final se la vendieron por una fuerte suma de dinero. Cuando Umiko se enteró les suplicó que cambiasen de idea, pero de nada sirvieron sus lamentos; el trato estaba cerrado.


Por la noche le pareció oír una voz que la llamaba, como si el mar repitiera su nombre, pero nada vio. Pasó la noche pintando su última vela. A la mañana siguiente había un carro preparado con barrotes para llevársela hasta el puerto, donde tomarían un barco que les llevaría al continente. Partieron, y en la casa quedó el matrimonio intranquilo, presintiendo que habían actuado mal y que ahora un peligro se cernía sobre ellos.

Llamaron a la puerta, abrieron y apareció una mujer vestida de blanco que quería comprar una vela. Dándole a elegir, ella escogió precisamente esa última vela que Umiko había pintado la noche anterior. Echándoles una última mirada, no sabría decir si rabiosa o despreciativa, pagó y se fue al templo, en cuya escalinata dejó la vela encendida.


La vela brilló con una luz inusualmente fuerte, inusualmente viva. Enseguida, una horrible tempestad empezó a azotar la costa. El barco en el que viajaban Umiko y el mercader intentó en vano volver al puerto, pero una enorme ola lo precipitó al fondo del mar. Mientras el barco se hundía, la última imagen que vio el mercader, que creyó estar delirando por la cercanía de la muerte, fue la de una mujer de blanco, con cola de pez, que se llevaba a Umiko de la mano. Era Amara rescatando a su hija. Tras la tempestad, el pueblo quedó borrado del mapa, resistiendo sólo el templo y su escalinata. Y no hace mucho aún se vendían en algunos pueblos japoneses unas velas pintadas que recordaban mucho a las que pintara Umiko, la hija del mar, y que los marineros seguían encendiendo antes de emprender cada travesía...

(Leyenda japonesa)

viernes, marzo 17, 2006

~ My baby just cares for me ~


My baby don’t care for shows
My baby don’t care for clothes
My baby just cares for me
My baby don’t care for cars and races
My baby don’t care for high-tone places
Liz taylor is not his style
And even lana turner’s smile
Is somethin’ he can’t see
My baby don’t care who knows
My baby just cares for me
Baby, my baby don’t care for shows
And he don’t even care for clothes
He cares for me
My baby don’t care
For cars and races
My baby don’t care for
He don’t care for high-tone places
Liz taylor is not his style
And even liberace’s smile
Is something he can’t see
Is something he can’t see
I wonder what’s wrong with baby
My baby just cares for
My baby just cares for
My baby just cares for me
My baby don’t care for shows
My baby don’t care for clothes
My baby just cares for me
My baby don’t care for cars and races
My baby don’t care for high-tone places
Liz taylor is not his style
And even lana turner’s smile
Is somethin’ he can’t see
My baby don’t care who knows it
My baby just cares for me
My baby don’t care for shows
And he don’t even care for clothes
My baby just cares for me
My baby don’t care for cars and races
My baby don’t care for
He don’t care for high-tone places
I wonder what’s wrong with baby
My baby just cares for
Just says his prayers for
My baby just cares for me

Disculpen todos mi osadía al dedicarles esta canción a ustedes, que se dejan llevar por mis mareas y permiten mis incursiones en las proyecciones de sus pensamientos, a ustedes que me cuidan y entienden, a ustedes que han anegado mi espíritu de un sentimiento cálido, que si bien pudiese considerarse imposible, ha resultado un hecho: a través de sus palabras siento sus cálidos abrazos.

Permítanme que para este viaje, les indique que el canto de sirena que hemos de seguir es el de Nina Simone, a través de su voz tendremos certeza del mapa de las corrientes que hemos de seguir para encontrarnos.


Escuchen las cálidas voces que les traen las olas.

miércoles, marzo 15, 2006

Placeres inéditos


Tal vez no muy inéditos, pero sí, pequeños y baratos placeres escritos sin ningún orden:

* Entrever el sentimiento de empatía en un interlocutor.

* Ver limpieza y sinceridad en una mirada...

* Escuchar una charla inteligente (esto raya el milagro, la sorpresa y el placer, todo en uno).

* Descubrir que hay alguien que sepa escuchar (Idem al inciso del anterior).

* Despertarte un día sin ningunas ganas de salir de la cama y ser consciente de no tener necesidad de hacerlo (admitamos que si se está bien acompañado y además se escucha buena música y pongamos además que fuera hace mucho frío y se está bajo un estupendo edredón..).

* Comprar por dos duros (euros ) un CD al azar y que sea una de las mejores compras de tu vida.

* El primer trago de una cerveza cuando estás sediento.

* Los abrazos. Los abrazos. Los abrazos ( hay tan poca gente que sepa abrazar "de verdad").

* El momento exacto en que todos los poros de tu cuerpo entran en contacto con el agua al sumergirte en el mar...



(Mi respuesta a un tema sugerido por Sr. Pititón, como el anterior post)

martes, marzo 14, 2006

No me gustan..


  • La prepotencia, la altanería y la desconsideración.
  • Quien por considerar su existencia tan primordial (no en su vida que es lo lógico, si no, no habría tal existencia), en la vida de los demás que deje de ver al resto y éstos a su vista se vuelvan transparentes.
  • La gente que no sabe apreciar los silencios.
  • L@s hipócritas.
  • Esperar.
  • Las almendras, garrapiñadas menos.
  • La manzana o la piña en la ensalada o peor aún, en la pizza.
  • La oreja, ni comerla ni que me la coman.
  • Las mentiras, como una vez leí, entre otras cosas para ser buen mentiroso hay que tener buena memoria y yo, sinceramente, prefiero usar ésta última en cosas más útiles.
  • La Seguridad Social, que por nombre ya es pura contradicción.
  • Que por alguna incongruencia del destino existan necios con talento...

miércoles, marzo 08, 2006

La Nada


La Nada no es negra, sino blanca.

Estaba rodeada por ella, si hubiese abierto los ojos en un balde de leche habría tenido esa misma sensación, una inmensidad blanca. La diferencia es que a la Nada, no se la puede tocar porque es incorpórea.

Y con su incorporeidad me había estado persiguiendo y buscando, me estuvo acechando.

No supe que me había alcanzado hasta que me dí cuenta que movía mis brazos haciendo esperpéticos movimientos por agarrarme y sujetarme a algo. No había suelo y no caía, no flotaba ni estaba suspendida o sumergida. Sencillamente estaba en ella. Nada a mi alrededor, nadie me acompañaba.

El vacío no suena y mi voz no se escuchaba. Sólo pensamientos atraviesan mi cabeza y sin poder tocarme sin nada tangible, rodeada de Nada, empezé a sospechar que en realidad nunca había existido y la Nada sin saberlo me había creado. Era "algo" en la Nada, ni siquiera La Nada es perfecta y Soledad, no es la mejor compañía, así yo debía de haber nacido de algún oscuro pensamiento de esta Nada blanca. Entonces no me había atrapado: me había creado.


(Mareablanca)

lunes, marzo 06, 2006

Hilanderas


“Con los hilos extendidos decimos mentiras, tejemos nuestra propia y reluciente verdad. Con las sobras del dolor hacemos medicinas que nos curan de nuestra imaginaria enfermedad

Contándonos, contándonos, bellas mentiras... fueron mis mejores días..."

Hilanderas de bellas mentiras hiladas con huso y rueca.

Desconozco la genealogía de estas palabras. No recuerdo haberlas pensado, ni tan siquiera haberlas leído o encontrado, sencillamente cuando me senté ante una página en blanco, de forma automática surgió un “documento recuperado” que no recordaba haber perdido y la búsqueda de su procedencia ha sido absolutamente infructuosa. Así que decidí publicarlo y si su creador@ gusta de hacerse cargo del mismo, será bien venid@. Seguiré buscando sus orígenes, mientras tanto, será mimado en este “hogar de acogida” que sigo hilando.

viernes, febrero 24, 2006

Lágrimas de Chocolate


Todas las mañanas que podía escaparse se acercaba a la chocolatería, perseguía ese dulce olor que despertaba los sentidos todavía adormilados por las horas tempranas. Se sentaba en una mesa de la esquina apartada, la pegada a un gran ventanal desde ese rincón desde el que en unas ocasiones, sencillamente se absortaba contemplando los pasos de todas aquellas personas tan ajenas y lejanas, en otras disfrutaba de piezas musicales que celosamente guardaba especialmente para ese rincón, o abría el abrigo y sacaba uno de sus libros recuperados de aquella antigua y mimada estantería de casa.

Cualquiera de estos placeres se completaba siempre disfrutando el sabor tibio que inundaba su paladar, nueva Ambrosía a disposición terrenal. Ése era el verdadero motivo de sus visitas, ese chocolate. Hasta tal punto le cautivó que ya no pudo disfrutar de ninguno de los anteriores sin éste deleite que daba un significado de verdadero placer a los demás sentidos.

Tras un nuevo tazón, parecía que volvía a recuperar la empatía, ahora le parecía absurdo el haber empujado a un lado a aquella amiga que retuvo con falsas promesas de cambio cuando ella no pudo esperar más, pero que mantuvo siempre su paso. Absurdo le pareció no volver a hablar a aquella otra porque una vez no pudo estar a su disposición, cuando había sido él el que en innumerables ocasiones no había estado, presentando las excusas más dispares. Tras cada sorbo todo parecía un cúmulo de sinsentidos por constantes orgullos encontrados. Un extraordinario sabor dulce con cierto poso amargo.

Una mañana, se acercó al chocolatero, para preguntarle si podía confiarle el secreto que estaba convencido que ese chocolate guardaba y para su sorpresa, el chocolatero le respondió sin ningún recelo: lo que se estaba bebiendo eran lágrimas de su hija amada.

Le contó que ella era el ser más puro y dulce que jamás habría conocido de haber podido hacerlo. Era tal su inocencia que la primera vez que conoció la mezquindad humana, lloró. El sencillo hecho de ver el dolor, la indiferencia, la soledad, la hipocresía del ser humano, que se suponía creado por encima del irraciocinio de los animales, le arrancó un inconsolable llanto, que sólo consiguió parar al cabo de muchos años, con el descubrimiento del primer amor.

Ella era tan dulce que sus lágrimas se transformaron en chocolate y fue tanto el tiempo que lloró que su padre, en el momento que se le empezaron a acumular en la casa baldes repletos, cuencos rebosantes, cuando fue tan ingente la cantidad de éste, no pudo por menos que regalarlo a familiares y amigos, pero pronto tuvo colas de gente a la puerta de su casa y decidió abrir la chocolatería.

Las gentes del país se acercaban a su chocolatería y políticos, gentes famosas e importantes, humildes trabajadores y estudiantes, siguiendo ese olor dulce de las lágrimas de chocolate y cuando salían eran más amables. Producía ese extraño efecto. Parecía que absorbía los problemas de cada persona, los dejaba reposar y los devolvía dosificados en pequeños sorbos donde se mezclaban con los problemas del resto, por lo que los propios parecían más pequeños y a la vez, era más fácil entender al resto.

Hacía tiempo que su hija se había enamorado, había crecido y marchado con su marido y al chocolatero ya casi no le quedaban existencias de aquel exquisito chocolate, e incluso llegó a pensar en cerrar la chocolatería.

Después de escuchar muy atentamente ésta historia, que le contó el chocolatero, él apuró el último sorbo de su taza, con miedo a que fuese la última vez que pudiese probar aquel maravilloso néctar sin saber que el sentimiento de aquella niña había impregnado cada taza, cada cuchara, cada elemento de la chocolatería tras tantos años de uso y él que tantas veces había frecuentado aquel lugar, tantas tazas había saboreado, tanto había sentido cada sorbo fue el siguiente en impregnarse del mismo.

Y empezó a llorar, como nunca antes lo había hecho y sus lágrimas se habían transformado en chocolate y se quedó a cargo de la chocolatería.

O esa es la historia que me contó una vez que le pregunté sobre ese delicioso secreto, con la confianza que me otorgaba el verme cada mañana cuando voy a tomar una taza de sus Lágrimas de Chocolate en mi rincón reservado.

(Mareablanca)

lunes, febrero 20, 2006

Muros



Son los muros que hemos creado nosotros aquellos que más vergüenza nos debieran ocasionar.

Si nos escandalizamos por esas fronteras que separan y matan a 500 inmigrantes anualmente en la frontera de USA y México, si nos indigna el muro de Israel, si el de Berlín es uno de los más vergonzosos capítulos de la Historia.¿Cómo somos capaces de crearnos nuestro propio muro alrededor de nuestra persona?

Daddy's flown across the ocean
Leaving just a memory
Snapshot in the family album
Daddy what else did you leave for me?
Daddy, what'd'ja leave behind for me?!?
All in all it was just a brick in the wall.
All in all it was all just bricks in the wall.
"You! Yes, you! Stand still laddy!"
We don't need no education
We dont need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids aloneHey!
Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall.
All in all you're just another brick in the wall.
We don't need no educationWe dont need no thought control
No dark sarcasm in the classroom
Teachers leave them kids aloneHey!
Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall.
All in all you're just another brick in the wall.

"Wrong, Do it again!"
If you don't eat yer meat, you can't have any pudding. How can you have any pudding if you don't eat yer meat?"

"You! Yes, you behind the bikesheds, stand still laddy!"
I don't need no arms around me
And I dont need no drugs to calm me.
I have seen the writing on the wall
.Don't think I need anything at all.
No! Don't think I'll need anything at all.
All in all it was all just bricks in the wall.
All in all you were all just bricks in the wall


Eché abajo los muros existentes con la promesa de de no volver a levantar ninguno jamás.

viernes, febrero 17, 2006

Techos de cristal


Photo by Arteko

~ Quiero una casa con el techo de cristal para poder ver el cielo junto a tí en noches como ésta y permanecer refugiados de la lluvia ~