miércoles, mayo 31, 2006

La Fe y las montañas


Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios.

Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permancen por lo general en su sitio.

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

Augusto Monterroso.

lunes, mayo 29, 2006

El Baile de las Peonzas

[Giroscopio]

Estoy mareada.

Llevo toda la vida observando a la gente que me rodea, aunque ellos crean que no les veo lo hago y muy atentamente, casi tan atentamente como observo sus movimientos para no interferir en ellos.

No me impongo en la vida de nadie o vamos acompasados o si nos pisamos y no aprendemos a bailar juntos, cambio de pareja.

Si observamos a las personas que nos rodean, éstas parecen seguir un movimiento constante. Parece que les dieron un impulso inicial y ahora se mueven como si una fuerza centrípeta impulsase sus giros, que me hacen recordar a aquellos bailes como la Danza de los Zancos de Anguiano o la Danza de los Derviches (o Sama), imposible no asociar estas imágenes.

Es como cuando de pequeños, en el patio del colegio, intentábamos mantenernos y no perder el equilibrio y caer al suelo sin tener conciencia de lo que ha provocado la caída. En realidad tal vez no era más que una forma de “colocón natural”. En mi caso yo sufro mareos terribles por lo que no subo ni a la “montaña rusa”, aunque esta fuese “colina holandesa”.

Pues el problema es que se deja de tener percepción del entorno, de hecho en la danza Sufí es esa la idea.

Si uno trata de concentrarse acaba por hacerlo únicamente en uno mismo y las condiciones extrínsecas pierden la forma. Todo alrededor se vuelve borroso y de hecho, aunque uno consiga parar, el resto aparentemente seguirá su propio movimiento.

Así es como vive mucha gente que conozco, dando vueltas alrededor de sí mismo sin ver el entorno, sin inquietud alguna por nada más que no sea no perder velocidad y mantener el equilibrio. Pretendiendo que nada altere los giros sobre su propio eje, como si de una peonza se tratase.

Y al final todo el mundo se mueve como en un baile de peonzas.

(Mareablanca)

viernes, mayo 26, 2006

A vista de Escher


No supe qué dibujo encajaba más, así que escogí éste por título:

"Cielo e infierno" o mi vida a vista de Escher.



"Cielo e infierno", 1960, grabado en madera.

En este grabado circular, los ángeles y los diablos encajan unos entre los otros. Las figuras, todas semejantes, disminuyen de tamaño según nos alejamos del centro y se desvanecen en una fuga hacia el exterior. Este mosaico está basado en un modelo no euclídeo sino hiperbólico ideado por HENRI POINCARÉ que se encuentra en el libro de H. S. M. COXETER Introduction to Geometry, Wiley, 1961, p. 282-290.

"Mientras dibujo, en ocasiones me siento como si fuera un médium espiritista, controlado por las criaturas que estoy conjurando. Es como si ellas decidieran el aspecto que prefieren... La frontera entre dos figuras adyacentes tiene una función doble y es complicada. A cada cual de sus límites, aparecen simultáneamente seres pero el ojo y la mente no se pueden ocupar de ambas formas a la vez y, por lo tanto, han de pasar rápida y continuamente de una a otra. M. C. ESCHER".


miércoles, mayo 24, 2006

Despertar a destiempo





Despierto con un terrible dolor de cabeza, parece que me hubiesen estado golpeando toda la noche. Con paso indeciso en la oscuridad consigo alcanzar la cuerda para levantar la persiana por la que se entraban diminutas rendijas de luz confusa.

Esa luz daña mis ojos anegando la habitación. Todo recupera su forma y su color, pero no reconozco el entorno. Me encuentro en una habitación que me resulta tan familiar y extraña. El color morado de las paredes no es nada que yo recuerde y tampoco reconozco esa cama que todavía guarda mi forma entre las sábanas.

No me atrevo a salir de esta habitación que un segundo antes había sentido tan distinta, familiar, conocida y extraña. Tal vez alguien afuera pudiera decirme dónde estoy, si es que hay alguien.

A través de la ventana intento orientarme. Es un piso alto, tal vez un ático. Intento concentrarme y reconocer aquellos jardines que rodeaban el edificio o acaso las calles. No hay ni un alma.

Si me hubiesen preguntado por el color del destiempo, no sé si habría podido describirlo y ahora, en este preciso momento lo estoy viendo a través de esta ventana.

Unos pasos tras la puerta me indican que no estoy sola, intuyo formas que se mueven, susurros y nuevos pasos que se alejan. He de salir aunque sea para intentar volver a casa.

Una chica me observa sonriente, creo que la conozco así que la sigo sin intercambiar una palabra. Está rodeada de perros, todos parecen reconocerme menos uno que en un primer momento quiere atacarme. Me asusto pero rápidamente le doy dos órdenes que parece entender y se queda pegado a mis piernas andando entre ellas como si lo hubiese hecho siempre, ahora con una lánguida mirada.

Salimos por la puerta de la cocina e inexplicablemente estamos en un patio interior en un bajo.

Miro al cielo y esa luz del destiempo sigue iluminando el jardín, cediendo distintos tonos a los árboles y plantas. Una bandada de gorriones parecen intuir mi mirada, entro de nuevo para desmenuzar un mendrugo de pan y alzo la mano con migajas en la palma. Un pausado vuelo, más parecido a los movimientos de los peces en el agua, acercan distintos pájaros que picotean el pan que les ofrezco. Pero cuando ella se acerca algo cae en mi mano y veo que los pájaros se han transformado en una horrible rana.

Con un aspaviento, un movimiento automático, suelto el anfibio que cae sobre un arbusto cercano, queda sobre las primeras ramas y me acerco para verlo mejor. Es una rana gris, fea y parece como aplastada. Ella me mira, es el momento.Otra vez me atrapa esa luz, la del destiempo de mi amanecer en esta otra casa.Debo despertar y volver a mi cama, a mi casa. He equivocado el momento y todavía estoy en el mundo de mis sueños, en su mundo de destiempo, en el que yo vivo cada noche cuando duermo. Debo despertar a tiempo.

Despierto con un terrible dolor de cabeza, esta vez, en mi cama.

Cotumbres de destiempo en los despertares.
(Mareablanca)

domingo, mayo 21, 2006

Excuse me Mr.

. Rene Magritte "Son of Man" .

Llevo una semana escuchando el mismo Cd de camino al trabajo, porque sí, porque hay cosas que pasan sin más.

El Cd en cuestión, resultó que también fue el que escuché este fin de semana de camino a "otro rincón para compartir", por elección de mis compañeros de viaje y el asunto es que cada vez que escuchaba la canción que indico, no podía hacer más que pensar en esto:

" El Senado de Estados Unidos acaba de aprobar la construcción de una valla triple en la frontera. Y George Bush, el presidente cuatísimo de Fox, mandó a 6.000 soldados de la Guardia Nacional a proteger el límite con México".

¿Alguien piensa parar a este “caballero”?

~ Excuse me Mr. ~

(Ben Harper)

Excuse me Mr.
Do you have the time
Or are you so important
That it stands still for you

Excuse me Mr.
Lend me your ear
Or are you not only blind
But do you not hear

Excuse me Mr.
Isn't that your oil in the sea
And the pollution in the air mr.
Whose could that be

Excuse me Mr.
But i'm a mister too
And you're givin' mr. A bad name
Mr. Like you

So i'm taking the mr.
From out in front of your name
Cause it's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame
It's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame

And i've seen enough to know
That i've seen too much

Excuse me Mr.
Can't you see the children dying
You say that you can't help them
Mr. You're not even trying

Excuse me Mr.
Take a look around
Mr. Just look up
And you will see it's comin' down

Excuse me Mr.
But i'm a mister too
And you're givin' Mr. A bad name
Mr. Like you


So i'm taking the mr.
From out in front of your name
Cause it's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame
It's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame

And i've seen enough to know
That i've seen too much

So Mr. When you're rattling
On heaven's gate
Let me tell you mr.
By then it is too late

Cause Mr. When you get there
They don't ask how much you saved
All they'll want to know, Mr.
Is what you gave

Excuse me Mr.
But i'm a mister too
And you're givin' Mr. A bad name
Mr. Like you

So i'm taking the Mr.
From out in front of your name
Cause it's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame
It's a Mr. Like you
That puts the rest of us to shame

jueves, mayo 18, 2006

Bus Stop


El transporte público no puede reducirse al trayecto, no lo puedo detallar únicamente como el recorrido que uno debe compartir de forma obligatoria e involuntaria, con el resto de congéneres que en muchas ocasiones distan mucho de serlo. Es un asunto de comportamiento cívico, no de calidad del medio de transporte en cuestión.

En lo que a mí respecta, el asunto da comienzo ya en la propia parada, normalmente mal señalizada, que ni el propio conductor reconoce y que obliga al usuario a plantarse en medio de la carretera para conseguir llamar la atención del conductor y, con suerte, el frenado del vehículo.

La parada, por sí misma parece que establece una activación del “chip o gen del deportista”, según sea uno máquina o mono, ese chip que me consta ciertas personas tienen desactivado hasta llegar a cualquier tipo de fila, bien sea la del supermercado, la del citado autobús o la del paro.

Entonces y sólo entonces, esos deportistas toman posiciones permaneciendo alerta para la visualización del objetivo y una vez en el punto de mira, entran en acción ciertas articulaciones del cuerpo: muñecas para asirse a cualquier objeto que imposibilite sus caídas (que podrá ser el brazo del ser más infelizmente próximo, la chaqueta del mismo infeliz sujeto o cualquier cosa que tope en su camino); las rodillas se flexionan para dar comienzo a la carrera; los codos para eliminar todo tipo de obstáculos que pudiesen entorpecer el alcanzar la meta.. esos codos que ya desearían fervientemente los quarterback del mejor de los equipos de rugby .. Total que, cual manada de búfalos, arremeten con todo hasta conseguir el citado objetivo: subirse a toda costa, en este caso la costa es marea.

Una vez dentro, si es que has conseguido subir, aunque muy probablemente quien lo haya hecho haya sido contra la propia voluntad y haya seguido más bien la fuerza de la avalancha del grupo que le haya tocado (los grupos no se eligen, son razonablemente aleatorios en función del minuto en que uno haya tenido la desgracia de salir de su casa), comienza el trabajo de los pequeños.

El tema es que no se puede menospreciar la actividad de sus pequeños vástagos, son muchos y están siendo firme, estricta y meticulosamente adiestrados.

Así que, si sus procreadoras se han afianzado en el uso y manejo del bolso como arma de defensa, cuando no hábiles en el abuso de unos perfumes que convierten aquello en cámara de gas o lo mejor de todo, sujetos que hacen una campaña personal contra la sequía y no sólo deciden cambiar baño por ducha, sino que directamente deciden no ducharse, o qué decir de las épocas de lluvias y el uso o desuso del paraguas...en fin, que si hubiese poseído William Wallace semejantes armas, entre otras estas biológicas mencionadas, otro gallo cantaría en Escocia.


Y, si ellas surgen como nuevas maestras, guerreras de la supervivencia en la vida urbana mediante objetos cotidianos, esos “pequeñines” y sus utensilios, no pueden ser subestimados, pues esas criaturillas poseen elementos de transporte de materiales, denominadas mochilas –facilitadas por sus progenitores, sin duda alguna-, en las que llevan lo que dicen ser material escolar, pero yo apoyo la teoría avalada por mis sufridos pies, de que son más bien materiales para la construcción de la citada escuela que estoy convencida de que no han pisado en su vida. Y con ello defienden su “espacio vital”.

Luego, queridos todos, está claro que hay una parte de educación que nosotros hemos recibido y que el resto no y por lo visto, esto funciona también en dirección contraria: hay algo definitivamente algunos nos hemos perdido. Yo mi espacio vital lo cuido y protejo mediante el respeto.

Respuesta planteada a "espacios vitales".

martes, mayo 16, 2006

Recuperando recuerdos


Photo by Arteko


Recuperando recuerdos del pasado, surgió uno que por algún motivo que desconozco, ha estado siempre en mi mente.

Es curioso qué extraños momentos marcan nuestras vidas. El objeto más insospechado se transforma en un preciado tesoro, la cita más banal se convierte en inexplicablemente imprescindible en nuestra vida, el momento más insignificante, en “ese momento” que nos señala para siempre, aquella canción en “esa canción”...

De todo esto, el mío, mi recuerdo, es un proverbio árabe, rescatado por mis antecesores de alguna visita tal vez a un pueblo, tal vez a unas cuevas y clavado en una pared de ladrillo rojo, olvidado y en proceso de decoloración allí durante años, tras haber pertenecido a un pequeño cuarto de nuestra casa durante otros tantos años.

Lo leía cambiando el orden de sus frases, las hacía una o muchas. Tal vez en un primer momento rememorase aquellos cuentos de Las Mil y Una Noches, tal vez luego me impactase la profundidad de sus palabras.

Presidió nuestras vidas cotidianas con absoluta dignidad y fue, como otros tantos objetos, condenado al olvido, pero yo lo releía hasta la saciedad, bajo los rayos de aquel sol, como quien observa a un condenado intentando salvarlo con la mirada.

Un día desapareció, pero siempre ha permanecido clavado en una de las paredes de mi corazón.

Estoy convencida de que ese recuerdo ha ido mutando en mi cabeza y ya no tenga más que una onírica veracidad y así lo cuelgo hoy de esta otra pared, para darle el reconocimiento que se merece en mi espacio.


~ Proverbio árabe ~

No digas todo lo que sabes
No creas todo lo que oyes
No gastes todo lo que tienes

Porque

El que dice todo lo que sabe
El que cree todo lo que oye
El que gasta todo lo que tiene

Muchas veces

Dice lo que no conviene
Juzga todo lo que no ve
Gasta lo que no tiene

viernes, mayo 12, 2006

~ Hojarasca ~


Había cambiado. La cuestión que me planteaba era que otra vez había cambiado. Tenía la costumbre de adaptar su forma a cada uno de ellos, así que había perdido la suya propia. Eso sí, se había convertido en una persona muy completa. O mejor dicho, en muchas partes de muchas personas bien distintas que intentaban sujetarse unas a otras intentando averiguar quién era quien les había unido. Y eran todas la misma. Si es que alguien sabía quién era.

Ahora formaban un extraño amasijo que trataba de moverse a un compás, el problema es que el director de orquesta andaba atrapado entre todas esas manos y pies, todos esos personajes que había creado trataban de mantenerse vivos. Se unieron e hicieron una cadena de sujeción al rededor de su cuerpo y casi le imposibilitaban el movimiento, que se volvía lento y descompasado.

Todos se agarraban luchando frenéticamente por no caer una vez habían sido utilizados. Se negaban a partir y quedaban sujetos alrededor de su cuerpo como un manto de hojas secas, volviéndose cada vez más pesado.

Cuando nos vimos de nuevo no pude reconocer su rostro que permanecía oculto entre la hojarasca y mientras hablábamos a través de susurros parecidos al sonido del viento entre las ramas de las copas de los árboles, entendí que todo aquello no lo producía más que el no saber librarse de su pasado.

Al darse cuenta que no solamente era su entorno quien le mantenía ese manto puesto, sino que se había acostumbrado tanto a ese olor, a ese sonido al crujido de hojas, que no era capaz de recordar qué ocultaba debajo, fuimos caminando de vuelta a su casa mientras pensábamos en solucionar aquello.

A nuestro regreso, hicimos un esfuerzo por despegarle todas las hojas que del cuerpo se negaban a desincrustarse. Mucho tiempo nos costó apartarla y poder dejarla colgada en el las cuerdas de secar la ropa del jardín. Y la solución apareció sola.

Secamos toda la hojarasca y creamos su fragancia, de esta forma, todo lo que había aprendido formaba un líquido incoloro, del que se impregnaba cada día antes de salir de casa, recordando por siempre sus vivencias, su pasado, sin ningún peso, pero con lo mejor de su esencia.

(Mareablanca)

lunes, mayo 08, 2006

Ola por ola



Ola por ola
el mar lo sabe todo
pero se olvida

~Rincón de haikus~
Mario Benedetti

jueves, mayo 04, 2006

Vistas a la Vía Láctea


Me compré un planetita con una gran ventana que daba a la Vía Láctea y soy vecina en período estival del Principito. Es una zona reconocida y con gran renombre por lo tranquilo y sosegado de su situación.

Damos tranquilos paseos por la Vía en la que se respira gran tranquilidad y siempre nos saludamos cordiales al cruzarnos con nuestros vecinos. Ellos portan sobreros que les protegen de las estelas de los cometas en la que los niños tienen costumbre de subirse como si de un cochecito de trenes se tratase. Ellas lucen grandes pamelas que compaginan con vestimentas de lo más dispares puesto que la tranquilidad de mi pequeño planetita estriba en que cada cual viste como le place y actúa como considera oportuno, siempre que no haga daño a nadie por otro lado cosa harto improbable ya que por un salto en la evolución, gozamos de un sistema empático que nos alerta ante cualquier situación que pudiera tornarse dolorosa, imposibilitándonos el llevarla a cabo.

Además tenemos un sistema de recogidas de dolores y penas que pasa una vez a la semana. Uno no tiene más que separarlos por retornables, como son las pequeñas molestias, sinsabores, penitas y alguna que otra decepción ó por no retornables, es decir los muy dolorosos, traumáticos. Entonces se arremolinan en oleadas de aerolitos que salen disparados por el infinito en búsqueda de otras penitas en otros planetas y van directos a unos inmensos agujeros negros que los engullen y hacen desaparecer en el tiempo. Ahora los agujeros negros cada vez son más chiquitos.

Los pájaros cantan por la noche, cantan a las estrellas para que estas sepan que recordamos que engrandecen nuestras noches con su luminosa belleza. Y los grillos son los encargados de hacer lo propio con el Sol. A la Luna vamos a limpiarla cada cierto tiempo y por eso desde su planeta, en ocasiones, sólo la ven por partes.

A veces bajamos a ver si podemos ayudarles con esos trajines que les tienen tan atareados y nos enganchamos a un cometa que pasa cercano, cada 76 años y unos cuantos tirones gravitacionales, para ver si por fin han entendido la visión cosmológica de la vida.

En la última expedición que se subió al cometa teníamos puestas muchas esperanzas y a la vuelta, resultó que llenamos unos cuantos de nuestros agujeros negros de las penitas y dolores.

Ahora estoy criando estrellas para que sean grandes y hermosas y con su haz de luz les permitan ver más claramente la auténtica belleza. Llevo muchas en los bolsillos para entregárselas en nuestra próxima excursión porque yo creo en ustedes.

(Mareablanca)

domingo, abril 30, 2006

Haiku



Haiku, en la cultura japonesa, es un poema enlazado en el que el inicio del encadenamiento, llamado hokku, introduce un instante plasmado por un paso fugaz, intenso, consistente en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima y conteniendo una clave o kigo que es una palabra que indica la estación del año a la que se refiere. Como por ejemplo éste del haijin kabayashi Issa:

Temblando

en las flores silvestres

se va la primavera

–Kobayashi Issa -

Se trata de enlazar pensamientos y percepciones creando un poema sencillo con una singular belleza.

Por casualidad, encontré esta sinopsis de "Hierro" cercana al haiku, por kim ki Duk, que, aunque no se ajusta a la descripción exacta que podríamos hacer sobre esta tradicional poesía japonesa, se acerca a la idea original y juega con ella entre vaporosos kimonos de seda.

«Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en
ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi
televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la
ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí...

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño,
preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego
al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale
nunca y que llora.
Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos
vamos sin decir ni una palabra.»


¿ Serán sus películas también cercanas a la poesía?

lunes, abril 24, 2006

El lagarto de la terraza


Todas las mañanas salía a regar sus plantas. Tenía su bonita terraza y le gustaba salir a deleitarse con sus plantas, veía cómo crecían, les hablaba y hasta acariciaba. Las plantas crecían y era feliz.

Un día observó tras la cristalera a trasluz, lo que le pareció un lagarto y con su afán cuidar, de radiar vida, de transmitir energía empezó a alimentarlo dejándole trozos de su propia comida en un platito cerca de la jardinera en la que observó que se acostumbraba a tumbarse.

Tal era la obsesión que empezó a ocasionar el lagarto que pasaba el día ansiando su visita, poder verle. Empezó a cocinar comidas especiales, e incluso a descuidar sus plantas que empezaron irremediablemente a marchitarse. Las hojas se amarilleaban y se secaban cayendo alrededor de las macetas. La terraza perdía encanto y parecía que estaba abandonada, pero ella ni se daba cuenta.

Hasta orientaba su vida al sol, a su sol, al sol del lagarto para que aquel lagarto pudiese salir a tomarlo.

Pasaron los años y el lagarto creció mientras seguía con su vida, por supuesto, sin rechazar los gratuitos cuidados que ella le daba. De hecho hasta apareció con su nueva compañera y la primavera siguiente hasta le dejó allí una cría para que la cuidara.

Ella ferviente y ciega seguía dándole todos los cuidados.

Una vez ya anciana, seguía saliendo a recibirle le preparaba la comida y él con paso solemne casi arrogante del que se sabe anhelado, llegaba, descansaba se alimentaba, como si del Sr. Del feudo se tratase y seguía su camino del que ella nunca supo nada.

Una mañana, ella estaba especialmente cansada, pero se despertó ante el sonido del retumbar del paso del lagarto pues tal era su tamaño que sonaban como tambores sus pisadas. Y al salir a su terraza allí lo encontró, esperándola. Ella agotada esa mañana no había podido prepararle nada y miró a su alrededor. Toda su vida había estado cuidando de aquel bicho, ahora estaba sola y la muerte de sus plantas la rodeaba como presagio certero.

Le miró con una clara expresión de dolor, puesto que no sabía como explicarle que no tenía ninguna obligación y que le había dedicado su vida por placer, por un sentimiento absolutamente altruista, no sabía cómo decirle que tenía derecho a descansar un día, aunque fuese uno solo. Pero él era lagarto y ni entienden, ni escuchan, ni explican, ni hablan.

El lagarto enorme, clavó en ella sus ojos. Pasó una pata por encima de la cristalera que siempre estuvo abierta para él, pasó la siguiente, alargó el cuello, posó sobre ella una gélida mirada abrió su boca y sin más, la tragó.

(Mareablanca)

  • Inspirado en mi Juanchito, lagarto que llevo viendo crecer desde que no medía más que un par de centímetros y que me visita cada primavera. La primavera pasada lo hizo con su familia. Nunca le he dado de comer, sobre todo tras leer cierta inspiradora leyenda asturiana, que les publicaré en otro momento...

jueves, abril 20, 2006

Be here to love me




"Be Here To Love Me"
Norah Jones
Your eyes seek conclusion in all this confusion of mine
Though you and I both know it's only the warm glow of wine
That's got you to feeling this way, but I don't care,
I want you to stay
and hold me and tell me you'll be here to love me today
Children are dancin', the gamblers are chancin' their all
The window's accusing the door of abusing the wall
But who cares what the night watchmen say
The stage has been set for the play
Hold me and tell me you'll be here to love me today
The moon's come and gone but a few stars hang on on to the sky
The wind's runnin' free but it ain't up to me ask why
The poets are demanding their pay
They've left me with nothin' to say
'cept hold me and tell me you'll be here to love me today
Just hold me and tell me that you'll be here to love me today
_________________________
...hoy, en calma...

martes, abril 18, 2006

Vagabunda. Hora V.

La última hora.


  • Hora V.

    La enorme y dorada puerta giratoria que hacía escrupuloso juego con los ya mencionados botones del portero, acompañó mi paso. Mis manos asieron con decisión la barra para empujarla y comenzamos con paso lento y firme la rotación hasta encontrarme de frente con tan singular personaje que, pese a mis primeras dudas, no se inmutó ante el esperpento que navegaba dentro de botas y abrigo, con pelos helados de escarcha y el empuje de la puerta con la gracia hartamente similar a una mula de molino.

    Ignorando al resto, me dirigí decidida a las escalaras, con claro ánimo de no tener que sufrir la humillación de subirme a un ascensor completo de gente y que en un instante pasase a estar sola en el mismo. Definitivamente era un buen abrigo, cuando conseguí llegar al último piso lo hice jadeante y con lengua fuera. Este detalle no tendría más importancia sino fuera porque hacia donde yo me dirigía era al restaurante.

    En el centro de la estancia, una fila esperaba su turno con bandejas repletas de viandas y, como no tenía dinero encima, pero tampoco podía acercarme a la mirada amable de la dependienta por no poder explicarle a las huestes ávidas de comida que sólo quería que la Señorita en cuestión me facilitase las llaves de mi casa. Es por todos harto sabido que el momento de debilidad por falta de ingestión alimenticia alguna, puede ocasionar serias conductas agresivas y no iba a ser yo la que se pusiese a merced de las fieras.

    Aguanté estoicamente hasta que llegó mi turno y permanecí sonriente frente a ella, siento no poder describir su cara, no sé si con aquellos ojos como platos quería decirme que era la hora de la comida, si estaba deseando matarme por presentarme de semejante guisa en su trabajo, si quería avisarme del peligro por las bestias hambrientas que me rodeaban, o si sencillamente, su incipiente miopía competía con la mía.

    En ese instante descubrí el secreto de la sonrisa de Mona Lisa, que en este caso y sin lugar a dudas, fue el antecedente de una sonora carcajada.

    Le expliqué brevemente la situación y la intencionalidad que tenía de salir de aquel lugar lo antes posible. Como era de prever reaccionó con magnífico talante, buscó en su taquilla la copia de mis llaves y me las entregó.

    Mientras iba de regreso a casa, ya con llaves en mano, sintiéndome segura por primera vez en todo el día, sin importarme la indumentaria, sin mirar a nadie, sin necesidad de verles ya que además, ellos tampoco me veían.. Estuve pensando en aquel circo y lo curioso, es que por aquel entonces volvía sin tener claro cuál había sido mi papel en aquel acto.

    En el preciso instante que introduje la llave en la cerradura lo supe, supe que el personaje que me habían adjudicado no fue el más que el de un espectador al que invitan a participar en el espectáculo. ¿Y entonces a quién le había tocado representar ese papel, el de payaso?. Hoy podría indicarlo con absoluta y meridiana precisión.

viernes, abril 14, 2006

Vagabunda. Hora IV.

el maestro de ceremonias me esperaba..



  • Hora IV.

Me dirigí al centro neurálgico de aquella desconocida vida urbana.

Mi mejor amiga en aquella época trabajaba en unos grandes almacenes, los más elegantes de la ciudad y allí es a donde debía dirigirme, a por la copia de mis llaves que ella guardaba, por extraños juegos del destino, ya que el mismo momento que me hicieron entrega de las llaves (dos días antes), hice una copia para ella, aún teniendo claro que no había perdido unas llaves desde que tenía mi primera década, ahora se que están en el fondo del mar. Este conocimiento me hubiese ahorrado mucho tiempo, disgustos e infructuosas búsquedas... pero eso es también otra historia.

El paseo hasta el centro hizo que abriese mi ángulo de visión. Mi miopía se vio como recién operada. La gente me miraba como si fuese a robar, atracarles o mendigarles, cuando ciertamente, lo extraño en mi mirada era por la falta de mis gafas, pero ellos en cambio, parecía que viesen la locura personificada.

Bien es cierto que ví mi reflejo en un escaparate y no pude reconocerme: ese atuendo, aquel cabello medio mojado todavía, que comenzaban a tomar su forma rizada original que casi nunca llevo, esa mirada que yo sabiendo por "ceguera" pareciera por falta de razón ( éste último punto no deja de ser rebatible) y aquellas botas, esas botas que llegaban a reflejarse en los escaparates por llegar 5 minutos antes que yo...

En fin! la puerta del centro comercial. Un estupendo portero ataviado con sus mejores galas, las dignas del presentador de un circo, un insigne maestro de ceremonias con casaca encarnada y pulidos botones dorados, esperaban para ver si me atrevía a meterme en la puerta giratoria...

¡El circo me esperaba!

El Circo

- Silvio Rodríguez-


Acompañado de una larga lista por saber,

con la frescura de un primer día de colegio,

salió otra vez de la mano de la casa en que nació:

las vacaciones estaban siendo un golpe de la luz.

Tocaba puertas recogiendo amigos,

acompañaba a las niñitas solas,

cortaba flores y las ofrecíacon un pie al aire, sonriendo siempre.

Cantando musiquitas dulces,

de esas que no se escuchan ya,

apareció gritando un circoque se instaló cerca de allí,

lleno de luces y colores,

magos y mucha diversión.

Pero en la lista de cosas que tenía que aprender

no figuraban los circos por ninguna parte,

y sin que nadie lo viera sacó un lápiz, anotó,

y puso circo con letras de poner inicial.

Con el dinero para la merienda

compró un helado y una rosca dulce,

dando brinquitos se metió en la carpa

que parecia una mamá muy grande.

Cantando musiquitas dulces,

de esa que no se escuchan ya,

pudo saber que su maestrano le enseñó cierta canción,

y que la vida no cabía

ni en veinticinco listas más.

martes, abril 11, 2006

Vagabunda. Hora III.

puertas y más puertas ¿todas cerradas?..

Photo by Arteko


  • Hora III

El tipo que abrió me miraba fijamente, si bien yo no tenía claro que fuese por mi indumentaria, por el nuevo estilo de presentación como nueva vecina que no se estilaba por ser tan lejano a las películas americanas, o por lo que me pareció a mí más evidente ¿cuánto tiempo haría que este hombre no tenía contacto alguno con otro ser humano?

Con la puerta entreabierta pude atisbar montones de cajas de cartón esperando a ser abiertas, ¿sería él también un recién llegado?

El idioma, nueva traba.

Aquellos países en los que topes con quien topes, como mínimo sabe decir en un perfecto inglés un “lo siento, pero mi inglés es muy malo”, vaya que son bilingües casi de nacimiento, existe una posibilidad, una ínfima, para que encuentres a alguien que no entienda ni una palabra y era exactamente aquel hombre que apostado frente a mí miraba y parecía centrarse en el movimiento de mis labios mientras yo intentaba explicarle quién era y la situación en la que me encontraba.

Parece que entendió que necesitaba unos zapatos y me tendió lo que encontró más a mano, unas botas unos seis números más grandes que mi talla, así como un abrigo, que podría decir... no, no sé qué podría decir del abrigo, excepto que era grande, por las rodillas y cubierto de pelo como esas alfombras de que imitan piel de oso.

Por supuesto que se lo agradecí como pude mediante señas con una promesa de devolución que dudo que entendiese o que tan si quiera le interesase, ¿de verdad querría que le devolviese el atuendo?.

Tenía que continuar con el plan aún con semejante guisa. Respiré hondo y abrí la siguiente puerta, la que me llevaría a la entrega de las llaves. El regreso a mi nueva casa.

sábado, abril 08, 2006

Vagabunda. Hora II

¿Vagabunda por unas horas o para toda la vida?


Photo by Arteko
  • Hora II

Este pregunta abordaba mi cabeza cada vez que mi mirada se perdía y se fijaba en el sumidero. Prolongar el momento de salir no tenía más sentido, tenía que pensar una solución.

No podía permanecer eternamente en la ducha, ni en el pasillo desierto por todo caballero andante, ni podía salir con una toalla o en pijama a la calle.

Decidí tomar la iniciativa y recordando que las lavadoras estaban el la puerta de acceso al baño ( debo decir que la forma, diseño, distribución y muchas otras cosas del país en cuestión, siguen a día de hoy, siendo una incógnita para mí) tomé la ropa preparada para el siguiente lavado y puedo decir en mi defensa, que en este caso aquello de “tu mayor defecto puede ser tu mejor virtud” me salvó. Ser una maniática de los olores y lavar la ropa aunque no esté muy sucia y así no ir apestando con el olor que se pudiese haber impregnado en la ropa de trabajo del restaurante, ni con la ropa con la que se sale en noches de juerga y regresas a casa con tanto humo encima que si doblas un brazo parece que salen círculos humeantes, es para mí algo insufrible y es fumadora la que escribe.

Y ya era algo, ropa, admitamos que de lo más dispar, pero ropa al fin y al cabo. No era momento de pensar en “Loewes” o “Diors”. Pero afuera había nevado y yo seguía en chanclas.

Recordé que al llegar al edificio, había visto que una de las habitaciones, contiguas a la mía, parecían estar habitadas. Aún con el pelo empapado me armé de valor y llamé a la puerta que me parecía tan extraña.

jueves, abril 06, 2006

Vagabunda

(por unas horas)


Photo by Arteko


    • Hora I

    ¿Que si no sé cómo llegué hasta allí? ah! sí, sí lo sé. Lo sé perfectamente.

    Esto ocurre. Sólo iba a darme una ducha como cada mañana y el sonido de la puerta tras de mí me despertó mucho más que lo que hubiese podido hacerlo cualquier despertador. Mi cabeza se despejó por completo.

    Está bien, tengo la toalla en la mano, ando en pijama con motivo de "la tonta" costumbre de vestirme DESPUÉS de ducharme. Normalmente llevo ropa en ristre, pero esta vez no tenía clara la elección de la vestimenta, así que opté por tomar semejante trascendental decisión al regreso de la consabida matutina expedición. Complementos: mi estiloso atuendo con la bolsa de productos de higiene y cosméticos que he de llevar, puesto que el arte de la “compartición” forzosa y hurto de propiedades ajenas en el baño de un piso compartido son una constante. Como zapatos: mis chanclas.

    Ojeo el pasillo. La luz del sol ilumina su recorrido, es una linda visión, casi onírica por lo difusa, pero la imagen que a mí me evoca es la de un hospital y es curioso, porque no he estado ingresada en ninguno. ¿Será algún recuerdo de alguna visita durante la infancia?. Mire por donde mire no aparece mi flamante caballero que me salve de tan grotesca situación, estará sacando brillo a su caballo...

    Tampoco tengo donde esconderme, así que opto por omitir semejante irrisoria situación. Como si de un niño pequeño se tratase, que para esconderse lo que hace es ocultar con las manitas su cara. Voy directa a la meta planteada por la mañana: me ducho y ya pensaré en qué hacer cuando salga.

viernes, marzo 31, 2006

Los 4 Acuerdos Toltecas


I.~ No supongas.

No des nada por supuesto. Si tienes alguna duda, aclárala. Si sospechas, pregunta.

Suponer te hace inventar historias increíbles que sólo envenenan tu alma y que no tienen fundamento.


II.~ Honra tus palabras.

Lo que sale de tu boca, es lo que tú eres.

Si no honras tus palabras, no te estás honrando a tí mismo; si no te honras a tí mismo, no te amas.

Honrar tus palabras es honrarte a tí mismo, es ser coherente con lo que piensas y con lo que haces.

Eres auténtico y te hace respetable ante los demás y ante ti mismo.


III.~ Haz siempre todo lo mejor que puedas.


Si siempre haces lo mejor que puedes, nunca podrás recriminarte de nada.


IV.~ No te tomes nada como algo personal.

Ni la peor ofensa. Ni el peor desaire. Ni la más grave herida debes tomar como algo personal.

Quien te ofende tiene un veneno que descargar contra ti, por no saber como deshacerse de él. En la medida que alguien te quiere lastimar, en esa medida ese alguien se lastima a sí mismo.

Pero el problema es de él y no tuyo.

martes, marzo 28, 2006

Acreedores del tiempo

~La persistencia de la memoria ~
Serie "Relojes Blandos"
Dalí


Y escucho en mi cabeza continuos chasquidos,
reprobaciones y suspiros.

No por lo que creen,
Porque hace tiempo que yo no creo.

O por lo que debiera.
Porque hace tiempo que yo no debo.

Sino por lo que está siendo.
Porque me persiguen los acreedores de mi tiempo.
(Mareablanca)