martes, febrero 07, 2006

Efecto Mariposa


Me decía que era una persona prácticamente normal, “son aparentemente insignificantes acontecimientos en mi entorno los que convierten mi vida en constantes variaciones”. Es un caso claro de ese llamado "efecto mariposa", un simple aleteo de mariposa causa ondas concéntricas que pueden modificar el rumbo de tu vida. A mí me recordaba más al efecto de un soplido sobre la seda.

Comíamos los dos en el restaurante japonés al que solíamos ir en sus malas épocas, que eran muchas. Pero siempre parecía que aquel entorno le impregnaba algo de paz. Hablaba de su día, de sus amigos, de los que quedaban, los que habían partido, los que nunca llegaban.. y yo escuchaba atentamente, sin juzgarle, porque era exactamente lo que necesitaba. Parecía que en ese momento pudiésemos intercambiar con todos los comensales la energía y absorbiésemos la armonía de aquel lugar. Tras comer allí todo parecía más claro, sosegado y apacible.

Pero esa vez no quiso entrar y no podía entender qué era lo que parecía producirle ese temor. Parecía haber visto algo que le aterraba y como yo no entendía nada me dijo: “me he visto a mí mismo”.

Escogimos esta vez un café para que pudiera contarme qué quería decir con aquello y empezó su historia...

La última vez que habíamos estado allí nos abrazamos y separamos nuestros caminos. En su vuelta a casa sintió una pequeña molestia en la boca, a la que en principio no que no dio mayor importancia. Mientras subía las escaleras a casa, empezó a sentir una molestia en la garganta y luego ésta pasó a la boca del estómago y allí se estableció. En unas horas la molestia se hizo familiar. Pero empezó a notar extrañas reacciones en su comportamiento: empezó a mirar mal a su inestimable Jamila, que le cuidaba desde que era niño y a la que él, por propia y ajena necesidad, había empleado en su casa. Entonces todos sus movimientos le parecían sospechosos. Al ver la tele, le parecieron insoportables aquellas series con las que antaño reíamos a carcajada limpia, por representar a “otras clases sociales”.

Yo no entendía de qué me hablaba. Si yo soy todos los colores en uno y él no era ninguno, nuestra sangre roja, si nuestro restaurante favorito era del amarillo Imperio del Sol, la esperanza verde como la bata del médico que nos miró tras su operación y nos dijo que no era nada; mi niñez rosa almidonado como el algodón de azúcar y mi actual mirada. Si cuando el cielo que bajo el que paseábamos, se encapotaba de gris en tantas ocasiones y por ello huíamos y navegábamos por cálidos mares azules de calma. Plateado el cabello de Jamila y doradas cuando ví esa mirada, mis lágrimas.

No podía creerme lo que me contaba. Yo le conocía, estaba segura que esas no podían ser sus palabras.

Revisamos juntos su historia. Investigamos el origen de ese cambio en su comportamiento y llegamos a la conclusión que todo empezó tras la última velada en aquel restaurante. Batimos hacia atrás el vuelo de la mariposa hasta llegar al origen. Hasta llegar a su boca. Cuando miré en su interior, me pareció ver algo transparente, casi imperceptible así que fuimos directos a la primera clínica.

Allí le quitaron el origen de sus males: una espinita clavada.

Ahora ha vuelto a ser el mismo y procuramos no olvidar esa tarde, en la que no pude reconocer su mirada.

Moralejas a escoger:

- Presten atención al comer pescado crudo (aviso sobre todo para mis queridos mininos ).
- Vayan al dentista antes de que les duela ( siempre confié en Casimiro).
- Disfruten de los colores, sea cual sea la bandera.

(Inspirado en mi espinita clavada y en "los colores" de Mandy ).
(Mareablanca)

6 comentarios:

Mandy dijo...

Me alaga que tan buena escritora como usted me cite...no le podria describir mi tan enorme "juas".
Una unica pega: me hubiera gustado que hubiera estado inspirada en la espinita de otra persona y no en la de usted,aunque bendita espinita si le inspira de esta manera!
Mua!

Anónimo dijo...

A la primera moraleja ya le hago caso, incluso aunque no esté crudo.
Así que me quedo con la tercera moraleja y añado una cuerta: Dejen de cazar mariposas, luego se vengan. :)
Besos.
Pdta: Entre tanta chorrada se me olvidaba comentar que me ha encantado el texto. ;)

Anónimo dijo...

Cualquier pequeño detalle parece poder alterar el curso de nuestras vidas.
Los colores le dan sentido, aunque a temporadas la percepción de los tonos no sea brillante.
Un placer leerte.
Saludos

Alfredito dijo...

Es que el sushi es muy peligroso, con todos esos parásitos alojados en los pescados, con todas esas espinillas que se ocultan...
Pero ese es el encanto de los restaurantes japoneses: el descubrimiento (de la espina, del bichito, de uno mismo).
Mira, hoy compraré japo, a tu salud.
(¡Cuánto me gustaría zenar contigo en un japonés, sí, zenar! Y hasta en un coreano, ya ves.)
Besitos, corazón

Unknown dijo...

*Miss Mandy Cat, un placer poder enlazarla.

Un secreto, mi espinita fue verídica, quiero decir física, pero peores son las que se instalan en el alma, esas, por mucha miga de pan que uno trague parece que no salen. ¿Existirán dentistas para el alma?

* Gabi, anoto, se acoge usted a la tercera moraleja...ciertamente, hay que dejar libres a las mariposas ¡¡¡ y a los monigotes!! :):):)

Me alegra que le haya gustado.;)

*MDM, qué alegría verl@ por aquí de nuevo. Sobre colores, de momento yo sigo con el rosa intenso, que espero también puedan gozar usted y si se tornase opaco, ¡a sacarle brillo! (yo le ayudo encantada) ;)

*Mi querido Alf, me encantaría compartir esa zena con vos (no estoy segura, pero creo que es algo que todavía no he hecho):):):)

¿Crees que podremos zenar cuando regreses de tu viaje?

*A todos, oleadas de besos (también para Gabi, aunque tenga reenes).

Gatopardo dijo...

Vaya. Me imagino que tengo entonces una espina clavada en la garra. No me atrevería a quitarla. Después de todo creo que ya me acostumbré a mi persona actual. Llevo ya mucho tiempo así.

Trato de tener moderación con el sushi. No puedo sacarlo completamente. Pero siguiendo tu consejo, dejaré desarrollarse más a mi inclinación por el pescado frito.