martes, noviembre 29, 2005

Viejecito Pinochet, Pinochito



Pobrecito mi viejecito, que perdió la memoria de 30 años atrás. No recuerda cuando todavía con a sus 60 jugueteaba a ser dios con sus soldaditos de corazón de latón, que de puro óxido habían dejado de utilizar.


Hoy la desmemoria ha inundado tu vida y lo avanzado de tu edad, pretende que te creamos ver en los ancianos que, en esta estación, sentados en un parque, lánguidamente miran al infinito recordando sus viejas andanzas... esas que tú no recuerdas.

Enfermas, perdiste audición, pero en realidad, ¿alguna vez escuchaste? .. ¿oíste aunque fuese un lamento?.. sí, los oíste y por eso los acallaste y ahora, ahora enfermas cuando escuchas tus culpas, ahora, cuando lo único que con fuerza férrea puede blandir ese que fue brazo poderoso, es el bastón en el que apoyas tu caminar pausado.


Te dedico hoy pues estas letras que dirás no recordar nada más pasen unos minutos.. pero sé que permanecerán en tu desmemoria.


jueves, octubre 20, 2005

Un rincón para compartir



Es increíble poder sentarse a la orilla de un río y mirar a un lado y a otro, dejándote invadir por los reflejos del sol mientras juega en el agua; atender al murmullo de la continua corriente, esa que no cesa y que ha sido siempre y nunca la misma.

Indescriptible es el contacto con un entorno en el que parece no haber pasado ningún ser humano en centenares de años. Es entrar en lo que pudo quedar tras haber contado un cuento, un cuento abandonado en el que todavía se pueden leer sus páginas y aquéllas que ahora parecen ilegibles son reinventadas.

Son las ruinas de un monasterio sabiamente invadido en sus naves por las enredaderas, es la absorción de la naturaleza de lo que allí se ha vivido. Es el olvido.

Son las atentas miradas de los seres que comparten espacios sabiendo respetar lo suyo y lo ajeno. Son esas miradas que nos dicen que están allí desde hace tanto tiempo que se ha perdido en nuestra memoria, pero siempre presentes para quien quiera escuchar su historia.

Es la luna llena a la izquierda que se asoma para intentar llegar a tiempo a la despedida del sol a la derecha del camino. Es esa luna que te acompaña mientras dejas todo lo importante, lo real atrás, para que te impregnes de su energía de vuelta a Mordor.