martes, mayo 08, 2007

~ Espejo de muerte... espejo de vida ~

Tenía dos amigas muy especiales desde que era muy chica. Sí, claro que siempre he tenido amigas, pero éstas en concreto siempre habían estado conmigo a lo largo del tiempo. Quiero decir "en mí".


Empezaron a hablar mucho antes que yo pero la verdad es que no se prodigaban mucho. Solían permanecer calladas y taciturnas en un rincón, parecían medio adormiladas. Así que yo jugaba con otras, en la gran mayoría de las ocasiones, mucho más alegres. En uno de mis cumpleaños de adolescente entre las dos me regalaron un espejo con el que jugábamos a disfrazarnos y mirarnos como si fuésemos otras tres. Sólo había un problema, ellas, por incorpóreas, empezaron a alimentar hacia mí una terrible envidia y ese fue durante años su único alimento. Ls críticas no se hicieron esperar. Empezaron a hablar y entre susurros, empezaron a expresarme sus pensamientos, especialmente, sobre mi persona.

En un primer momento eran casi inaudibles sus conversaciones, no eran más que cuchicheos. Ellas mantenían su amistad mediante secretos, yo mantenía los míos con mis sueños de vida. Dejaron de ser "juegos de niñas". Los comentarios eran cada vez más altos, cada vez más crueles.

Tanto les gustaba el juego del espejo, que allí decidieron quedarse. Me esperaban por la mañana y esperaban ansiosas por la noche para que les contase lo que me había ocurrido durante el día. No tenían vida, así que trataron de hacerse con la mía, me decían que en realidad lo hacían por mí bien, para que la gente me apreciase, me quisiera y me respetase.

Aún peor fue cuando crecieron y ya del espejo no se movían. Así que cada vez que a él me asomaba: hacían que pareciese otra persona. Me disfrazaban el reflejo sin que me enterase convenciéndome de la verdad de aquel reflejo de su espejo de muerte. Si por un momento yo quería ver mi reflejo auténtico, mirar hacia el otro lado ya estaban ellas para recodármelo y me señalaban, se reían y cuando esto no funcionaba me regañaban e insultaban.


Eran insaciables saciadas, lo único que habían llevado a su boca era un "basta". Se habían hecho con mi espejo, al que ya no podía acercarme sin que pudiera ver nada más que un esperpéntico reflejo, pero tampoco esto era suficiente para ellas.

Un día me, casi sin fuerzas conseguí levantarme y acercarme hasta una foto, era mi imagen. No podía reconocerme, no podía encontrarme. Ahora mi piel casi transparentaba mis huesos, eran casi un reflejo de ellas, carentes de cuerpo se habían hecho con el mío, ahora era el reflejo de ellas.

Más tarde me enteré, que son dos gemelas malditas. Parece que no pudieron ni quisieron disfrutar de su vida y ahora acosan el mundo terreno haciéndose pasar por amigas, única y exclusivamente para hacerse con sus vidas. Los torturan con sus palabras y hechizan los espejos, haciendo que estos las engañen trastocando los reflejos de sus figuras.

Su único objetivo es no dejar vivir, que el resto pague sus estúpidas frustraciones, sus obsesiones y manías, su amargura, su falta de amor, de cariño y todo, a través de una lenta agonía.

Querían ser yo y para ello, yo tenía que desaparecer. Pero en esta ocasión yo tuve suerte porque pude transformar su espejo de muerte en mi espejo de vida. Espejo que las expulsó de mi cuerpo y devolviéndomelo a mí, además de mi alma, mi cabeza, devolviéndome el gobierno de toda mi vida.

Así que por favor, tengan cuidado porque me han contado que aún están haciendo de las suyas causando estragos y danzan por ahí libres todavía. Cuídense de
Ana y Mía.

4 comentarios:

Gatopardo dijo...

Espero que se haya desecho de tan odiosas amistades, no quisiera verle con menos densidad que el mismo vapor.

ronroneos

Unknown dijo...

*Mi queridísimo Gatopardo,

No se me vaya a preocupar, no me falta ni aliento ni alimento.. son licencias literarias las de este cuento. ;)

Oleadas de besos.

Tanino dijo...

Ese es el problema de las proyecciones, nos hacen ver todo hacia afuera y desde fuera, deseamos ser otro, nos comunicamos con otro, inventamos al otro y nos proyectamos tanto que se nos olvida el refugio que tenemos dentro, en nuestra "misma mismidad", que finalmente es lo más auténtico que tenemos.
es agonía.besote
Giuseppe Tanino

Unknown dijo...

*Querido Tanino,

Como sabiamente alega mi progenitor.. nunca coincide lo que "creemos que somos", con lo que "los demás creen que somos" y con "lo que realmente somos".

Parecen perspectivas divergentes.

Oleadas de besos.